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Agradecer al gran compositor IVAN TORRENT, que me haya permitido compartir su maravillosa música en este espacio con todos vosotr@s. Gracias infinitas.


''La gente que conoce y ama los mismos libros que tú, tiene un mapa directo a tu alma.''

domingo, 10 de abril de 2016

Romántica con R - Relato "Amantes Oníricos" - Fifth Capricorn



¡Hola amig@s! Hoy os traigo un relato de un autor novel que escribe bajo el seudónimo Fifth Capricorn. Deciros que muy prontito, podremos leer su primera novela, pero hasta ahí puedo leer... Quiero darle las gracias por la confianza que me ha concedido para dar a conocer su trabajo en este blog.
Allá vamos, pero antes de adentrarnos en "Amantes oníricos" conozcamos un poquito a este autor.


 ¿Quién es Fifth Capricorn?

Fifth Capricorn es el seudónimo con el que Víctor Díaz firma cada uno de sus escritos. Este joven madrileño de 18 años de edad, mostró un interés por la literatura desde muy pequeño. Prefería quedarse en la biblioteca leyendo un cuento que en la calle, donde el deporte no era su punto fuerte. Siempre supo compaginar su amor por la lectura con su educación, aunque sus compañeros de clase nunca tuvieron una buena relación con él. Al mudarse a Barcelona en su adolescencia, empezó a despertar su vena creativa y comenzó escribiendo canciones (que no lo ha dejado). Cierto mes de septiembre, conoció a una escritora que le hizo dar otro paso adelante y empezar a narrar historias romántico-eróticas sin importar quienes fueran los protagonistas y su sexualidad. Si no está escribiendo, seguramente está estudiando, paseando por la ciudad o simplemente escuchando todas las canciones de su grupo favorito: Maroon 5.

 

AMANTES ONÍRICOS

 

A veces confundimos la realidad con el mundo de los sueños. Pensamos que nuestro mundo onírico es el mundo real. Podemos creer que hemos ganado la lotería y vivimos en una mansión a las afueras de Madrid con bellas mujeres cuando, en realidad, estamos boca abajo en la cama de un ático del centro más excitados de lo normal. Yo, Marcos Núñez, dirigente de la empresa PMB S.A. encargada de un transporte público ecológico y eficiente, siempre me ha gustado hacer mi trabajo porque creo que es posible un mañana mejor. Aunque sería mucho más feliz si estuviera con mi mejor amiga, Amanda.

La conocí en el instituto y, desde entonces, nunca nos hemos separado. Somos la definición de uña y carne salvo por una cosa: ella nunca me ha visto como algo más que su confidente. Estoy locamente enamorado de sus ojos verdes, sus labios bien definidos, su carisma, su risa, su buen humor y el amor que ambos compartimos por Maroon 5. Lleva con su pareja, Elías, desde que se puso a trabajar y la verdad es que ese tío me cae muy gordo. La trata como a un objeto pero ella no se da ni cuenta. Yo la trataría como a una reina, no como un juguete. 
“Esta vida es una verdadera mierda.” En unos días iba a ser el cumpleaños de mi amiga y he estado ahorrando durante meses para llevármela de viaje a París, donde le declararía mi amor. Necesitaba alejarla de su novio como fuera, debía hablar con ella a solas. Estaba sentado en mi despacho observando los resultados del equipo de I+D+I de los modelos de autobuses interurbanos y, de repente, me interrumpió mi secretaria.

Señor.
¿Ocurre algo, Mónica? —le pregunté con cierta familiaridad.
Una mujer llamada Amanda Ramos le está buscando. —Mi cara, que en ese momento era inexpresiva, cambió por completo y se convirtió en una de alegría.
Hazla pasar, por favor.
En seguida, señor Núñez.

Tras esto, cerró con cautela la puerta de mi oficina y me arreglé un poco antes de recibir a mi chica especial. Amanda apareció abriendo la puerta delicadamente con una mirada que expresaba tristeza. Me fijé en que llevaba puesto una camiseta azul a juego con sus pantalones. El conjunto lo remataba con unos tacones que me hacían tener fantasías siempre que se los veía. Me levanté de la silla y fui a abrazarla rápidamente con cara de preocupación, por lo que fuera a decir.

Eh, ¿qué te pasa? —le dije al ver que lloraba mientras estaba entre mis brazos.
Marcos, estoy destrozada. —Me dijo con voz rota.
¿Por qué?
He pillado a Elías en la cama con mi hermana.
¡¿Con Samanta?! —asintió apoyando su cabeza sobre mi pecho, provocando que mi camisa blanca se mojara con sus lágrimas.
Cuando me los encontré en la cama, ni siquiera me dieron explicaciones. Simplemente me observaron y siguieron.
¡Qué pedazo de hijos de puta! ¿Dónde te quedarás esta noche?
Había pensado en irme a tu casa, si no es mucha molestia. —En ese preciso instante, aunque por fuera reaccionaba de la manera más natural posible, por dentro estaba eufórico de que mi amiga me eligiera a mí.
Claro, quédate el tiempo que necesites. Aquí tienes mis llaves.

Le di un llavero de nuestro grupo de música que compré en el último concierto que dieron en Madrid, en el que tenía tres llaves: una para el garaje, otra para la puerta del edificio, y la última abría mi piso. La di dos besos y un abrazo para que se calmara y le pedí que, si salía a comprar o algo, me llamara. Cuando cerró la puerta de mi despacho, esperé unos diez minutos para poder bailar y cantar Lucky Strike porque (yo) había tenido muchísima suerte. Las siguientes horas en la oficina se me pasaron muy despacio. Quizás fue porque no paraba de pensar en Amanda, en mi casa, viendo la tele, comiéndose un helado, su suave piel tocando mi sofá… 
Eso último me ponía cardíaco. Menos mal que nadie mira por debajo de la mesa en las reuniones, sino sería un cotilleo muy jugoso en la sala de descanso. Terminó mi jornada laboral alrededor de las cuatro de la tarde y volví a mi ático en la calle Goya, en el que me esperaba la mujer más hermosa que mis ojos azules han visto. Mi coche es un Toyota Prius, como no: creo en los medios de transporte que me dan de comer, pero no soporto el bullicio. Estuve en medio de un atasco en la calle Alcalá antes de llegar a mi destino. Durante unos treinta y cinco minutos, me quedé anonadado por la multitud que caminaba por la acera. La mayoría estaba tosiendo y no me extrañaba en absoluto.

Maldita contaminación, ¿qué coño hay que hacer para que las personas entiendan que lo que afecta al planeta nos afecta a todos? ¿Nivel 2 de calidad del aire? ¡Los cojones! —dije muy cabreado por toda esa maldita situación.

Me encanta Madrid, no tengo nada en contra de la ciudad, pero no soporto que la gente se queje por las consecuencias de los actos que comenten. Gracias a Dios que llegué a mi casa antes de ponerme a gritar como un loco. Amanda estaba sentada en el sofá, tal y como la imaginé. Con un albornoz negro que le cubría todo el cuerpo excepto por debajo de las rodillas, comiéndose un helado de yogurt mientras veía “El diario de Bridget Jones”. 
Cuando se sacó la cuchara de la boca, noté su expresión de melancolía por el subnormal de su novio. La observé un tiempo hasta que las ganas de consolarla ganaron a las de quitarle el batín para devorar su cuerpo y me acerqué a ella. Me dejó un sitio para sentarme cerca de ella y la abracé.

¿Cómo te encuentras? —le pregunté.
Un poco mejor, gracias Marcos. —Me contestó con una sonrisa torcida en su bello rostro.
Venga, no pasa nada.
¿Qué no pasa nada?¡Marcos, Elías me ha sido infiel y, además, con la puta de Samanta!
No me malinterpretes. Lo que quiero decir es que no debes derramar ni una sola lágrima más por ese gilipollas.
¿Y quién eres tú para decirme lo que debo o no debo hacer?
No tienes por qué ser una borde. Soy yo siempre el que siempre está en tus buenos y malos momentos. —Tardo un poco en reaccionar porque estuvo por decirme algo ofensivo, pero se dio cuenta de que era verdad.
Tienes razón, perdóname.
No tengo nada que perdonarte. Te quiero y nunca podré estar enfadado contigo.
Yo también te quiero, guapo. —me dio un beso en la mejilla y me miró a los ojos. —Eres el hermano que nunca tuve.

El hermano que nunca tuvo”. Me di de bruces contra el suelo en un abrir y cerrar de ojos. Lo más doloroso que puede sentir alguien enamorado es que te considere parte de su familia con la que pasa las fiestas navideñas. Todas mis esperanzas se derrumbaron con la frasecita de las narices. El resto de la tarde, yo me quedé en mi habitación escuchando, entre otras canciones de nuestro grupo, How, Goodnight, goodnight y Sad. En el estribillo de la última, me quedé mirando al techo de mi cuarto, que tenía un espejo. No me podía creer que Amanda solo sentía por mí lo mismo que siente por la perra de su hermana. Más de una lágrima bajo por mi rostro con el objetivo de empapar las sábanas de la cama. 
Pasadas las nueve de la noche, Amanda me llamó para que cenáramos. Me sequé un poco la cara para que no se me notara la depresión que me había ocasionado. Me había preparado mi plato favorito: tallarines con champiñones, pollo y aceite. La verdad es que me animó bastante. Ella lo sabía todo sobre mí, y yo sabía hasta el nombre de su amigo imaginario de su infancia. No entiendo porque no se dio cuenta de que tenía unas ganas inmensas de besar su piel toda la noche. Mientras comíamos, la miraba con admiración. Sus labios relucían por estar cubiertos de aceite de la pasta.

Marcos, ¿tengo monos en la cara? —me preguntó de repente. Tardé un tiempo en contestarle.
No, no. Es solo que me he quedado embobado.
¿Por qué?
Porque eres la mujer más encantadora y bella que conozco. No me imagino ni un solo día sin ti”, pensé.
Pensaba…en mis cosas. Ya sabes, medio ambiente, medios de transporte limpios, …
No te creo. Normalmente dejas el trabajo apartado siempre que estás en casa.
Bueno… es que… verás…
Nunca pensaste que Elías me pondría los cuernos ¿Es eso? —tenía pensado decirle mis sentimientos pero preferí seguirle la corriente.
Sí. —dije asintiendo. —No me cuadra que el muy cabrón te haya engañado con tu hermana.
La verdad es que la tía le tiró los tejos en la Nochevieja pasada. Yo no le di importancia porque siempre está copiándome, pero nunca imaginé que llegaría hasta este punto.
Bueno, la culpa no es tuya. Eres una mujer impresionante y todas deberían imitarte.
¿Impresionante?¿En qué sentido? —intenté que no se notara mi interés por ella de forma desmedida.
Ya sabes. Eres lista, divertida, alegre, atractiva… —nada más decir eso me tapé la boca.
¿Acabas de llamarme atractiva?¿Qué pasa, te molo?
No, no. No es eso. Me refiero a que más de un tío querría follar contigo.
Eso es asqueroso —me dijo con cara de repugnancia— A saber cuántos salidos habrá por ahí buscando una chica como yo.
Aquí hay uno, para nada salido, y no te das ni cuenta. —dije en voz baja.
¿Qué decías, Marcos? —me preguntó Amanda al no entender mis palabras.
Nada, nada. Que todos somos iguales. Solo eso.

Me terminé los tallarines y esperé a que mi amiga hiciera igual. Fregué los platos y la di las buenas noches antes de irme a la cama. Me quité la camisa abotonada despacio mientras me miraba en el espejo. Cuando iba a empezar a quitarme los pantalones, me llamó mi amiga.

Marcos, ¿puedes venir un momento?
¡Sí, sí!¡Ya voy! —salí de mi habitación medio desnudo para averiguar el motivo de sus llamadas. —¿Qué quieres?
¿Soy una mujer horrible?
¿Qué? No sé a qué te refieres.
Me refiero a que pienso que mi manera de ser espanta a los hombres y quizás, por eso, Elías me haya engañado.
¿Otra vez estás con eso? —le dije con cara de incredulidad por la cabezonería que presentaba, que no era lo normal en ella. —Amanda, olvídate de ese tío de una puta vez. Él es un mierdas y no debes darle mayor importancia.
¿Pero y si él es el único hombre con el que puedo estar?
¡¿Cómo va a ser el único hombre con el que puedes estar?! ¡Chica, el mar está lleno de peces!
¿Y crees que alguno de esos peces caerá en mi red?
Claro que sí. Solo tienes que darle tiempo al tiempo.
Está bien. Gracias, guapo. —me dio un beso en la mejilla y se fue al cuarto de invitados.

Yo volví a mi cuarto y terminé de desvestirme. Me dejé el calzoncillo puesto y me metí en la cama. Estuve un tiempo mirando al techo de la estancia hasta que me pesaron los ojos de sueño. Volví a abrirlos al cabo de un rato, seguramente una hora o por ahí. Miré la puerta de mi cuarto un instante antes de volver a cerrar los ojos, pero un ruido me interrumpió: estaban llamando a la puerta. Me levanté de mal humor porque sabía exactamente lo que me iba a decir Amanda. Giré el pomo esperando su respuesta más recurrente para estos casos, es decir, “Elías y yo hemos hecho las paces.”, pero me sorprendió.

Amanda, ¿qué quieres?
A ti, Marcos.

Me sorprendí por su respuesta. Se me pusieron los ojos como platos y abrí la boca, que ella aprovechó para besarla. Sus labios eran justo como me los había imaginado, carnosos y sensuales. Sus manos acariciaron mi cara y pasaron a mi cuello. Yo separé su boca, aunque no tenía ninguna gana de hacerlo.

Espera, espera, espera. ¿A qué viene esto? —le pregunté.
Sé que me deseas y yo también a ti.
No me lo dejas muy claro.
He sido una estúpida por haberte tratado como mi confidente. No me daba cuenta de que se te partía el corazón siempre que estaba con mis novios. Perdóname. —sus ojos estuvieron a punto de llenarse de lágrimas, pero la besé antes de que rompiera a llorar. La separé al cabo de un rato para calmarla con mis palabras.

No tengo nada que perdonarte. Cada día que he pasado a tu lado desde que te conozco, ha sido inolvidable. No me imagino mi vida si no estás en ella.
Yo sabía que tenía labia, pero hasta ese momento no me di cuenta del talento que había desarrollado. Nuestros labios se volvieron a juntar y mis manos pasaron por su espalda, rozando su sujetador mientras subían hasta sus omóplatos. Las manos de Amanda se apoyaron en mi torso y mis labios bajaron a su cuello, que provocó un gemido de placer por su parte. Mis brazos bajaron hasta sus nalgas y las agarré, para luego elevarla por encima de mí. Sus labios buscaron los míos y encontraron el premio.

Di media vuelta con el cuerpo de mi amiga en el aire y la tumbé delicadamente en la cama para poder disfrutar de ella con más facilidad. Le quité el sujetador y le acaricié la cara mientras mi boca bajaba por su cuello y saboreaba su piel. Paré un momento en su pezón derecho para endurecerlo con la lengua. Un suspiro de placer salió de la boca de mi amiga: estaba disfrutando con los movimientos de órgano de mi lengua. Dejé sus pechos y le quité el tanga para poder verla totalmente desnuda. Separé sus piernas y observé su feminidad en todo su esplendor. No me pude resistir y metí mi cabeza entre sus piernas para deleitarme. Buscando su punto G, ella soltaba más de un grito de gusto. Sus ruidos me ponían a cien, tanto que creció un bulto por debajo de mi estómago. No sé si se dio cuenta de que mi falo estaba erecto, pero me dijo jadeando:

Marcos, hazme tuya.

Llevaba esperando esas palabras toda mi vida. Me bajé el bóxer, cogí un preservativo que tenía en la mesilla y me lo puse antes de atravesar sus barreras. Nada más ponérmelo, di el empujón necesario para que nuestros cuerpos se fusionaran, provocando un gemido al unísono. Volví a embestir, entrando más adentro de su interior. Todo su cuerpo me revolucionaba. Ella lo era todo. Cambiamos de posición, siendo ella la que estaba encima. Nuestros movimientos fueron en aumento y el tono de nuestros gritos hicieron igual. El placer de mi miembro se transmitía a toda Amanda a través de su vagina. Mi cuerpo estaba llegando a su límite y tenía que aguantar porque mi amiga seguía el mismo camino. Hubo un momento en el que no pude más y grité el nombre de mi amiga.

¡Amanda!
¡Marcos! —dijo después de mí.

Llegamos justo al mismo tiempo. Nuestra actividad tendió a disminuir y Amanda apoyó su cuerpo sudado sobre el mío. Mis latidos iban acorde con los suyos. Cuando nos calmamos, nos miramos. Adoraba ver sus ojos de esmeralda, aunque la oscuridad de la noche no me dejara distinguirla. Ella me susurró algo al oído, pero no entendí sus palabras.

Perdona, ¿qué me has dicho? —le pregunté con curiosidad.
Despierta, Marcos.
¿Qué?
Despierta, dormilón.
¿Qué despierte? —mis ojos de repente se abrieron y se encontraron a una mujer vestida y con una sonrisa de oreja a oreja.
Despiértate, que te pegas a las sábanas.
¡¿Qué?! ¿Pero qué hora es?
Las diez y media de un sábado por la mañana. Perdona que no pueda desayunar contigo, pero he quedado con Elías.
¡¿Con Elías?! —no daba crédito a lo que estaba escuchando.
Sí. Se arrepiente de haberse enrollado con mi hermana, y quiere que vayamos a terapia de pareja. Gracias por dejarme tu cuarto de invitados toda la noche. —me dio un beso en la mejilla y se alejó hasta la puerta. —Eres el mejor. Te adoro.

El sonido de la puerta rompió el silencio incómodo que circulaba por la estancia. Mi mente tuvo uno de esos momentos en los que charlaba conmigo mismo. “¡¿Pero qué coño ha pasado?! ¡¿Se puede saber qué ha pasado?! Había hecho el amor con mi mejor amiga y, sin comerlo ni beberlo, me despierta para decirme…¡Oh, mierda!¡Ha sido un puto sueño! He dormido durante toda la noche y mi mente me ha jugado una mala pasada. He soñado que me tiraba a Amanda cuando, en realidad, ella se había quedado dormida en el cuarto de invitados. No había pasado nada entre nosotros.”


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