Portada

ESTE BLOG SE DEDICA A COMPARTIR OPINIONES Y RECOMENDACIONES ESPECIALMENTE SOBRE LITERATURA ROMÁNTICA, HISTÓRICA Y ACTUAL. EN NINGÚN CASO, EL CONTENIDO DE ESTE ESPACIO TIENE COMO FINALIDAD EL ÁNIMO DE LUCRO. LEE, DISFRUTA Y OPINA!
Mail de contacto: vomitandomariposasmuertas@gmail.com

Agradecer al gran compositor IVAN TORRENT, que me haya permitido compartir su maravillosa música en este espacio con todos vosotr@s. Gracias infinitas.


''La gente que conoce y ama los mismos libros que tú, tiene un mapa directo a tu alma.''

lunes, 29 de junio de 2015

Romántica con R - Ciudad de Reyes de Mariah Evans



¡Hola a tod@s! Hoy os traigo a una autora más que interesante, Mariah Evans, que nos sorprendió con su Ciudad de Reyes este año, y que promete hacernos disfrutar con las obras que en breve verán la luz al igual que con su primera novela. Esta barcelonesa, es de esas autoras que nos acerca el romance a través de historias con acción, misterio y una pizca de erotismo. Vamos, de las que no te desenganchas cuando las lees. Además, en esta entrada podréis echarle un vistazo al primer capítulo de la novela, cortesía de la propia autora. ¿La conocemos un poco?


¿Quién es Mariah Evans?:

BIO
  
Mariah Evans es el seudónimo que usa esta escritora nacida el 7 de enero de 1983, en Barcelona. Es licenciada en Derecho y en la actualidad compagina su trabajo en la abogacía con la literatura. Le encantan los animales, el cine y obviamente los libros. Se confiesa una lectora empedernida desde muy pequeña y esa misma afición ha sido la que le ha llevado a crear sus propias historias, siempre con el objetivo de hacer disfrutar al lector.
No le gusta encasillarse en un mismo género y sus libros mezclan tanto la intriga, como la acción y el romance.

Próximas publicaciones:
- Reyes de la noche (Selección RNR - Ediciones B) en agosto : Segunda parte de la saga ciudad de Reyes
- Conflicto de intereses (Romantic ediciones) en septiembre.
- En tiempos de guerra (Editorial Kiwi) en Noviembre (en ebook y papel)
- Atrapados en la noche (Selección RNR - Ediciones B) en diciembre: Tercera parte de la saga de ciudad de Reyes.
Dónde seguirle:
Conozcámos de qué trata la novela:



La población de Brooklyn está sufriendo una oleada de despiadados asesinatos. Una división secreta del Pentágono, con Josh Gallager al mando, es enviada a la comisaría principal de la zona para colaborar en la investigación. Gallager deberá trabajar junto al Inspector de homicidios Franklyn, pero sin revelar su verdadera misión ni las atípicas particularidades que les caracterizan a él y a su equipo.
Sarah es sobrina del inspector y trabaja como secretaria en la comisaría. Cuando es atacada y consigue milagrosamente escapar de los depredadores que tienen aterrada a la ciudad, Josh se verá obligado a protegerla… ocultándole su más oscuro secreto.

Cómprala AQUÍ

 Qué opinan de ella las lectoras:

http://vignette3.wikia.nocookie.net/fifa/images/d/db/5_Estrellas.png/revision/latest?cb=20140505012833&path-prefix=esBuena trama desde el principio con personajes trabajados . Historia de vampiros, humanos y "híbridos" divertida, amena y dinámica. Lo leí en dos días. Estoy esperando los nuevos libros de la saga.  
http://vignette3.wikia.nocookie.net/fifa/images/d/db/5_Estrellas.png/revision/latest?cb=20140505012833&path-prefix=esEs una novela que te mantiene pegada a sus páginas hasta el final, llena de acción, de amor, de misterio, con protagonistas que dejan huella y la autora nos presenta un mundo paranormal que nos describe a la perfección. Estoy deseando leer la segunda parte porque me ha sorprendido y me ha gustado muchísimo el estilo de la autora.
 http://vignette3.wikia.nocookie.net/fifa/images/d/db/5_Estrellas.png/revision/latest?cb=20140505012833&path-prefix=esMe ha gustado mucho. No podía parar de leerla. Siempre acaba el capítulo dejándote con la intriga y con ganas de empezar el siguiente.
Historia y personajes muy buen narrados. Buena historia paranormal.
En resumen, ¡¡muy recomendable!! 
Los personajes:


Sarah: Es la sobrina del inspector de homicidios de Brooklyn, trabaja en la comisaría con él. Es muy metódica, organizada y responsable con su trabajo. Es un personaje fuerte, independiente, ha tenido experiencias muy traumáticas en su vida y eso le hace ir con pies de plomo, pero cuando se ve envuelta en toda la trama no es la típica chica que se acobarda, al contrario, coge más fuerza. 



Josh: Tiene grandes responsabilidades y eso le hace estar siempre alerta. Lo envuelve ese aura de misterio de ¿quién será realmente? ¿Por qué está ahí? ¿Qué ha ido a hacer? Es un personaje que genera misterio, y por eso mismo atrae desde el principio. Tiene unas  características muy marcadas, tiene carácter pero a la vez tiene ese toque tierno, es muy protector ya no solo con ella, sino con todos los que tiene a su cargo… Y luego tiene ese toque de humor que sorprende de vez en cuando. 



 Capítulo 1 - Ciudad de Reyes


Adam Boyle volvió a bajar la manta cubriendo aquel pequeño cuerpo delgado, blanquecino, sin vida. Ya había visto suficiente. Lo justo para darse cuenta de que una vez más se había seguido el mismopatrón para perpetrar el asesinato.

Se levantó de forma lenta, aún al lado de aquella joven que había perdido la vida pocas horas antes, sin apartar la mirada de aquella manta que se había pegado a ese diminuto cuerpo asumiendo su forma.

Se pasó la mano por los ojos en actitud cansada, asqueado ante aquella brutalidad.

Otra vez aquel desgraciado había vuelto a matar. Peleas entre bandas, robos, alguna violación… Aquello era lo normal en el distrito de Brooklyn, pero eso, lo que estaban viviendo en los últimos meses sobrepasaba todo lo inimaginable.

Miró su reloj. Faltaban diez minutos para las siete de la mañana. Aunque el calor era ya sofocante a esa hora y el sol comenzaba a brillar con fuerza, un repentino escalofrió recorrió su columna.

Era la séptima víctima en los últimos cuatro meses. Alguien se estaba tomando muy en serio su trabajo. No hacía falta que la forense determinase cuáles eran las causas de la muerte. Las sabía de memoria, pues en las últimas seis víctimas habían sido las mismas.

Ladeó el rostro en dirección contraria al cadáver para observar cómo la gente comenzaba a amontonarse tras la cinta con la que habían precintado la calle.

Se llevó la mano al bolsillo y sacó un chicle de menta mientras reflexionaba, observando la acera en busca de pistas. Se lo llevó a la boca y comenzó a masticar de forma fuerte, intentando controlar el ardor que comenzaba a apoderarse de su estómago. La gente se golpeaba con los codos intentando conseguir una posición privilegiada desde la que observar el cadáver.

Soltó un exabrupto y caminó con los brazos en alto hacia todos ellos.

Vamos… ¡Largo de aquí! No hay nada que ver —exclamó de malos modos caminado de forma lenta, aunque una vez más la gente no pareció escucharlo y, contrariamente, los codazos entre ellos se hicieron más intensos.

Adam suspiró mientras observaba que varios de sus hombres intentaban tapar toda visión a los visitantes chismosos.

¿Por qué se comportaban de aquel modo? Ansiosos por ver el cadáver de una chica joven que había sido asesinada de una forma tan brutal. Como si aquella escena morbosa incrementase su adrenalina.

En los altos edificios que lo rodeaban vio que varias familias contemplaban el escenario desde sus ventanas o balcones.

«¿Es que no tienen otra cosa que hacer?» Gritó en su interior, aunque ninguna palabra salió de su boca. ¿Para qué?

Giró su rostro movido por el rugido de un motor a su izquierda mientras se frotaba las manos cubiertas por unos frágiles guantes de látex.

Susanne Kern bajó del todoterreno con su actitud masculina, sin un magistral cruce de piernas, simplemente dando un salto y sujetando su maletín de plástico duro. Se inclinó para pasar por debajo de la cinta con la que habían cercado el perímetro policial y su cabello corto teñido de un rojo chillón se ondeó hacia los lados al hacer el gesto. Vio cómo se colocaba los guantes de látex mientras caminaba hacia él aumentando su ritmo y con una leve sonrisa en su rostro.

Buenos días.

Doctora —pronunció a modo de saludo situándose a su lado y guiándola hacia el cadáver.

Se arrodilló al lado de la manta, miró un segundo hacia atrás para contemplar a toda aquella gente y descubrió de forma lenta el cadáver de la muchacha.

Joder —exclamó Susanne examinando el rostro desfigurado de la chica.

Su piel estaba absolutamente blanca, aunque sus labios aún mantenían la suave capa de pintalabios escarlata. Su cabello negro, largo, estaba esparcido por la acera, pegado con rastros de sangre seca.

Llevó su mano hasta uno de los ojos y se lo abrió de forma delicada, como si no quisiese hacerle daño. Sacó su pequeña linterna y la enfocó directamente hacia su pupila. La tenía extremadamente dilatada, prácticamente no podía apreciarse el color miel que alguna vez había resplandecido en aquellos enormes ojos.

Le ladeó el cuello mientras buscaba en su maletín con la otra mano un poco de algodón y unas pinzas. Allí estaba de nuevo. La marca del asesino. Dos orificios en el cuello, de una profundidad considerable y totalmente carbonizados.

Santo Dios —exclamó Susanne pasando de forma delicada el algodón por aquella herida, intentando absorber lo que serían las últimas gotas de sangre que quedarían en aquel cuerpo—. Ha vuelto a seccionar la carótida.

Adam se colocó a su lado y observó los dos agujeros en la garganta de la muchacha, su anchura, la presión con la que deberían haberle clavado aquellos utensilios para poder acceder hasta la vena. Intentó recomponerse y se pasó una mano por el pelo.

Lo ha hecho más veces —pronunció casi en un susurro. Susanne lo miró como si no comprendiese lo que quería decir. Adam bajó un poco más la manta y extrajo con delicadeza uno de los brazos de la chica. Le giró la mano y se la mostró a la doctora. En su muñeca aparecían dos agujeros más, idénticos a los de la garganta.

Y no son los únicos. También tiene otra marca en la ingle.

La doctora sujetó la muñeca y la observó detenidamente.

Sabía que aquello se salía del patrón. En las últimas seis víctimas solo habían encontrado aquella marca carbonizada en la garganta, pero ahora había más agresividad, como si hubiesen querido que su víctima se desangrara más rápido.

La cubital y la femoral —susurró la doctora señalando la mano y la ingle—. Le ha perforado tres arterias.

Adam se levantó, apartándose del cuerpo de la víctima unos pasos para dejar hacer su trabajo a los camilleros. Llevarían el cuerpo al hospital para que la forense lo estudiase a fondo aunque, realmente, no necesitaría leer el informe forense para saber lo que aquella muchacha había sufrido.

Miró por toda la acera examinándola una vez más, intentando encontrar, aunque fuera tan solo una gota de sangre.




Frankie Griffith avanzó hacia su despacho con furia, sorteando y medio empujando a todo aquel que se interpusiese en su camino. Abrió la puerta y descolgó el teléfono que sonaba sin cesar

Frankie —respondió mientras soltaba un montón de archivos sobre la mesa, en la que una pequeña pantalla de ordenador flotaba sobre todos los papeles desperdigados.

Voy hacia la comisaria —anunció Adam. Frankie pudo escuchar el sonido del motor forzado de su vehículo tras su voz.

Sorpréndeme. —Fue sentándose lentamente en la silla y cogió un bolígrafo y papel.

La séptima —susurró Adam.

Frankie dejó el bolígrafo sobre la mesa, como si este le quemase y miró hacia la puerta aún medio abierta. Un par de administrativas lo contemplaban algo tensas. Sabía que su carácter no despertaba simpatías entre el resto de policías y personal administrativo, pero él mismo se había obligado a ser así. Ocultaba tras un muro de hormigón todos sus sentimientos y respondía con voz fría carente de actitud a cualquier pregunta. A sus cincuenta y cinco años gozaba de una reputación y esto lo había conseguido gracias a un carácter agrio y muchos años de duro trabajo.

Se levantó de un salto, fue hacia la puerta sin soltar el teléfono y la cerró con un portazo. Esto se iba a poner feo.

Cuéntame.

No hay nada que contar, Frankie. Es lo mismo de siempre.

Se encaminó hacia la silla y se sentó en ella como si estuviese agotado. Pasó su áspera mano por los ojos frotándoselos.

Por Dios —exclamó realmente exhausto—. Maldito hijo de…

Frankie —le interrumpió—. Me parece que este tipo sabe que vamos tras su pista.

Se incorporó en su asiento y no dijo nada, esperando que Adam continuase.

Hay tres marcas, no una.

Joder. —Arremetió contra la mesa con un fuerte golpe que alertó a todas las administrativas de la comisaria.

La misma de siempre, en el cuello —continuó explicando—, pero hay dos más. Una en la muñeca y otra en la ingle. —Se aclaró la voz y prosiguió—. Se ha desangrado antes.

¿Había rastros de sangre?

No. Solo unas gotas secas en el cabello.

Maldito cabrón —medio gritó—. ¿Ha ido el forense?

Sí. Susanne… La doctora —se corrigió—, me ha dicho que tendrás el informe mañana.

¿Para mañana? Ni hablar, lo quiero para esta tarde —dijo en un tono que no admitía protesta.

Aun así Adam intervino. Al fin y al cabo, más de veinte años de buena relación con su jefe le permitía algún lujo.

Lo dudo. Hay que examinarla a conciencia. —Entrecerró los ojos mientras se detenía ante el semáforo y suspiró—. Si no estás de acuerdo, Frankie, llámala tú mismo y coméntaselo.

Y tanto que la llamaré. Quiero saber la hora exacta de la muerte, con qué producto carboniza esas heridas, quiero saber cualquier cosa que haya en ese cuerpo.

Si te sirve de algo, he investigado un poco a esa joven…

¿Y? —preguntó inquieto.

Martha Lacius, prostituta… Algunos vecinos de los alrededores me han comentado que a veces solía colocarse un par de esquinas por debajo de donde ha aparecido. Incluso uno asegura que ayer la vio sobre las doce de la noche.

Que venga a hablar ese tipo conmigo.

Ya le he cogido su teléfono, me ha dicho que no tendrá problemas en pasarse por comisaría en cuanto le llamemos.

Llámalo. Que venga ahora mismo. Y a ti te quiero aquí ya —ordenó justo antes de colgar sin esperar respuesta.

Juntó las manos y miró sus dedos entrelazados. Nunca se había encontrado con un asesino tan metódico, organizado y letal. Por Dios, siete víctimas en cuatro meses y ni un solo dato hacia donde poder encaminarse, ni un solo descuido al que ellos pudiesen agarrarse. Ni una huella, ni cabello, ni una gota de su sangre, ni siquiera encontraban muestras de piel bajo las uñas de las víctimas.

Aquello era desquiciante.

Se pasó la mano por la frente notando que un ligero sudor frío vagaba por ella. Se levantó y corrió hacia la puerta.

Sarah, tráeme un café, ya —gritó sin mirar hacia fuera.

Perdón, inspector… —Otra administrativa se colocó delante de él, algo inquieta—. Su sobrina no llega hasta las ocho y media. —Señaló el reloj de pared que colgaba en una columna. Las ocho en punto—. Se lo traeré yo misma —susurró mientras se alejaba a paso rápido.




Sarah Griffith bajó del tren mientras colocaba con un movimiento sutil el New York Times bajo su brazo. Cogió fuerte su bolso y avanzó entre las numerosas personas que caminaban por la calle. Aquel bullicio la estresaba, gente corriendo de un lado a otro, comerciantes con su carro de café y bollos calientes, impidiendo un paso fluido. Aún le daba tiempo para tomar un café y desayunar en condiciones antes de entrar a trabajar.

Tomó la calle a la derecha y avanzó por ella un poco más descongestionada de gente, lo cual le permitía un paso más largo y rápido. Dios mío, el calor era sofocante a esas horas de la mañana. Se pasó su rizo rubio por detrás de la oreja y se subió un poco más la pinza con la que sujetaba el resto de su larga melena.

Se había puesto los tejanos largos y una camiseta azul marino, a conjunto con sus ojos.

Decididamente, mañana se pondría algo más fresco. No comprendía cómo a esas horas el sol podía deslumbrar tanto. Odiaba el verano en Nueva York, sobre todo si a aquel espantoso calor se le añadía una muchedumbre de personas.

A lo lejos ya veía la comisaría. Llevaba trabajando ahí desde hacía poco más de un año. Al principio le había entusiasmado la idea de trabajar con su tío, posteriormente y tras pocos días de trabajo se había dado cuenta de que aquello no era diferente a ser una administrativa en una empresa o multinacional.

Ella no había deseado eso. Se había licenciado con unas magníficas notas en la universidad de Columbia, en la facultad de derecho. Pero tras finalizar la carrera y echar algunos currículos en prestigiosos bufetes esperando que su buen apellido la ayudase, no había logrado nada. Ni siquiera una simple llamada, ni una entrevista. ¿Cómo iba a rechazar lo que su tío le ofrecía?

Aunque hacía ya más de cinco años que no vivía con él siempre había estado a su lado, ayudándola, haciéndose responsable de ella.

Aquella idea lúgubre cruzó su mente. Desde la muerte de sus padres once años atrás siempre había estado a su lado, la había acogido en su casa y se había preocupado por labrar un futuro para ella. Y mira dónde había acabado. Trabajando con él en la comisaria.

Suspiró y aceleró el paso. Ella siempre había querido estudiar derecho antes de la muerte de sus padres. Su padre, un juez respetable, había infundido en ella la idea de lo que era la justicia y la libertad, haciéndole valorar su trabajo. Pero todo esto cambió tras su cruel asesinato. Lo recordaba bien, aún no lograba quitárselo de la cabeza ni creía que fuera a quitárselo nunca. A veces, todavía temblaba cuando el timbre de su puerta sonaba, esperando a que apareciese otra patrulla de la policía junto a su tío para informarle de un fatal suceso. Desde ese momento había perdido toda su fe en la justicia, en todo lo que su padre había cultivado con tanto amor durante todos sus años de vida. Fue su tío el que la forzó a estudiar, el que le ayudó a superar su sufrimiento, como si en parte, el hacer de ella toda una mujer se lo debiese a su hermano. Y así era.

Frankie Griffith la había acogido en su casa junto a su esposa como a una hija. A menudo pensaba que se esforzaban tanto con ella porque era lo más parecido a un hijo que tenían, como si aquello pudiese aliviar su pena por no poder tener descendencia; pero más tarde, tras varios años, había llegado a sentirse cómoda en aquella casa, a ver a Margharet como una tía cariñosa y amable.

Nunca habían querido sustituir a sus padres. Tras reflexionar, había comprendido que la protegían tanto porque era lo único que les quedaba de su único hermano y cuñada.

Suspiró y subió el bordillo con un ligero saltito.

Iba justo a abrir la puerta del bar cuando contempló que Adam Boyle salía del coche de policía, acompañado de varios agentes más y se metían a toda prisa en la comisaría.

Una ligera electricidad recorrió su cuerpo haciendo que, a pesar de aquel sofocante calor, la piel se le erizase.

Había ocurrido algo, lo sabía, podía presentirlo. Dejó que la puerta del bar se cerrase y comenzó a caminar a paso ligero hacia la comisaría.

Había comenzado a subir las escaleras que llevaban a la entrada cuando observó que un taxi aparcaba en la misma puerta de la comisaría, en un lugar reservado para sus coches.

Se detuvo un segundo contemplando el coche, esperando que alguna persona herida o histérica se apeara del vehículo dispuesto a denunciar a algún ladrón o agresor.

Para sorpresa de Sarah un hombre con traje salió de él. Tenía cara de pocos amigos. Joven pero demasiado serio para su gusto. Alisó su chaqueta y la examinó un segundo antes de cerrar la puerta de un portazo. El taxi se puso en marcha dejándolo en medio de la calle, observando cada uno de los cuatro pisos que tenía el edificio.

Quiero agradecer a Mariah Evans su colaboración en esta sección, amabilísima siempre. Y te deseo mucha suerte con todos tus nuevos trabajos, que no son pocos.

Vosotros ya sabéis, a devorar Ciudad de Reyes, y a prepararse para todo lo que nos tiene preparado esta autora.















1 comentario:

  1. Hola!! Soy Mariah Evans!! Muchísimas gracias por tu apoyo :)

    ResponderEliminar

Opina, comenta, comparte!

Comenta

Comenta!

Comenta!