Llevo años sintiendo que soy un caparazón vacío. Me levanto cada
mañana con la necesidad de hacerme con lo que los demás poseen y de lo
que yo carezco: ese halo invisible que dota a las personas de
sentimientos y distingue a los seres humanos de las bestias. Hace mucho
tiempo que llegué a la conclusión de que no tengo alma. ¿Nací sin ella?
Quizás la tuve pero me la robaron cuando mi padrastro se metió en mi
cama con el tácito consentimiento de mi madre. Sin embargo, Candy, la
mujer con la que convivo, se empeña en convencerme de que la poseo.
Insiste en que la mía es un alma atormentada y llena de recovecos
oscuros y profundos secretos, pero que está atrapada en este cuerpo que
ella venera, clamando para que yo deje de creer que tan solo soy una
carcasa. Quiso mostrármela a través del retrato que me hizo hace unas
semanas. Entonces creí verla por un instante… Sin embargo, en mis
amaneceres aún no existen días de primavera. Más allá de mis cuatro
paredes todo me parece una cloaca y la gente me importa poco pues de los
zombis que pululan a mi alrededor, solo necesito una cosa: sus almas. Y
ahora debo salir a cazar. Tengo tanta hambre…


No hay comentarios:
Publicar un comentario
Opina, comenta, comparte!