Con la mirada perdida en la borra de su sopa instantánea, Margarita
Ceballos siente que nada en su vida salió como esperaba. Cuarenta años
recién cumplidos y todavía vive con su padre, un octogenario fatalista
que acumula latas de conserva y bidones de agua. Su novio tampoco se la
hace fácil; a pesar de llevar juntos un tiempo considerable, se niega a
presentarle a sus hijas adolescentes por temor a las “secuelas
psicológicas” si se enteran de que está saliendo con alguien. El balance
ni siquiera es benévolo en el trabajo, después de abandonar la
recepción de un banco por la gerencia de una concesionaria donde se la
pasa plumereando autos de alta gama y comprándole espirulina a su jefe,
reacio a quedar pelado.
Convencida de que ya no habrá tren que pase, Margarita se conforma
con imaginar una vida de película en la que le llueven candidatos que la
invitan a bailar “Lady in Red” mientras el efecto del hielo seco se
expande a su paso. Sin embargo, todo cambiará una mañana de verano,
cuando su destino se cruce con el de una perra pastor alemán a horas de
ser sacrificada.


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