Theodore y Calypso se sentían cómodos desde el primer momento que se
conocieron. Calypso, por una parte, estaba interesada en él porque nadie
nunca le había hablado de la manera en la que Theodore lo hizo y se
sentía especial. Para ella, él era un regalo de Dios. Es por eso que
creía que él iba a ser su compañero de vida.
Theodore, por el otro, era más ingenuo. Por eso no se dio cuenta de
los riesgos que existían al estar juntos. Estaban tan conectados que
decidieron escaparse, lo único que importaba era que estaban lado a
lado.
Calypso sabía que en algún momento algo malo iba a ocurrir, podía
sentirlo. Era muy realista, más que nada pesimista, pero sus sentidos
siempre estaban en lo correcto; cuando sentía miedo, algo terrible iba a
suceder, y cuando se sentía bien es porque todo lo estaba. El hecho de
que se hayan escapado mejoró sus vidas pero a la vez empeoró la de los
que los rodean.


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