Lucy se dirigió al balcón que daba al jardín y lo abrió de par en par.
Era una noche estrellada, limpia y serena, inmensa en su negrura y
abierta a todos los sueños. Una noche para vivirla, no para estar allí
encerrada en una habitación que se había transformado de refugio en
celda por arte de no se sabe qué clase de magia. No era fácil para ella
vivir al margen de la alta sociedad a la que pertenecía por derecho,
pero todo lo había compensado el cariño de su padre, un hombre todavía
joven, atractivo y orgulloso. Por una serie de circunstancias, su
tranquila vida se había empezado a llenar de pronto de nuevas
experiencias y dos hombres, cada cual más atractivo, se habían cruzado
en su camino. Uno la amaría sin reservas mientras que el otro no querría
amar ni ser amado, pero antes de eso ella tenía que dilucidar a cuál de
ellos entregaría su corazón.


No hay comentarios:
Publicar un comentario
Opina, comenta, comparte!