Tras el emotivo intercambio de regalos y confesiones entre Evel y Abby,
la relación sentimental de la pareja avanza a todo gas.
Profesionalmente, las cosas también van viento en popa. Los diseños de
arte corporal de Abby causan sensación y como el verano es una época
propicia para lucirlos, no solo han empezado a lloverle encargos,
también invitaciones para participar en ferias y exposiciones. Evel, por
su parte, compagina una ya de por sí cargada agenda de trabajo en su
taller de tuneo de vehículos de colección por encargo con un nuevo
proyecto; la fabricación de su propia línea de vehículos customizados.
La pareja se apoya mutuamente y ve con gran satisfacción el triunfo del
otro. Interiormente, sin embargo, los dos anhelan una vida diferente,
una en la que conseguir pasar tiempo juntos no resulte una labor tan
complicada y frustrante.
También es tiempo de cambio para los
allegados a la pareja. Amy empieza a darse cuenta de que, muy a su
pesar, su interés por Dylan es mayor de lo que pensaba. Sabe que él
continúa muy enfadado con ella y no le pondrá las cosas fáciles. Lo que
no sabe es que la suerte ha tocado a la puerta del irlandés y él acaba
de conseguir el trabajo ideal; uno que lamentablemente para Amy, pondrá
aún más distancia entre los dos de la que ahora existe.
Y mientras
que el presidente del club de moteros The MidWay Riders, Conor Finley,
cansado de la frialdad hacia él que Andy se trajo puesta del encuentro
motero de Barcelona, decide tomar el buey por las astas, un suceso
inesperado está a punto de cambiar radicalmente la vida de Dakota y
Tess…


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