De la misma manera están escritos los
relatos de este libro. Cada uno es un impulso, de amar, de morir o vete tú a
saber. Todos tienen punto de apoyo, del que parten casi con rabia, pero a
priori, casi nunca, destino conocido. Son como disparos, cuyas balas no son
conscientes de su recorrido ni su fin porque no pueden serlo, pues no son más
que munición. En este caso, el artillero, como dice el título, no escoge querer
lo que quiere, quiso sin más. Lo quiera o no. Así es.


Muchísimas gracias, Feli. Fue un gustazo compartir vermut el sábado y ahora encontrarme en este rincón, en el que tan buena energía se palpa y se respira tan limpio, al que me has traído.
ResponderEliminarGracias a borbotones, compañera.