Rebeca nunca imaginó que su loca aventura en uno de los burdeles más
famosos de Londres iba a acabar como lo hizo: perdiendo la virginidad en
la cocina de casa de sus tíos, y con un hombre del que no podía
recordar nada debido a que estaba un poco ebria, demasiado excitada y
sin sus lentes. Por ello tuvo que emprender una investigación, junto a
su amiga Clare, con el objetivo de descubrir la identidad de ese amante
apasionado. Sin embargo, a la vez que ponía en práctica sus planes, se
veía obligada a esquivar las continuas interferencias del marqués de
Aberry en su vida, un hombre exageradamente atractivo que parecía
disfrutar atosigándola. Ella desconoce quién es él, él no entiende por
qué lo ignora ella, pero lo cierto es que el deseo los obliga a reunirse
continuamente, incluso eligiendo a Rebeca como la solución a los
problemas del imperio Ruso.


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